Descubre siete parques infantiles en Santiago

Existen 57 parques infantiles en Santiago, según la web del Concello. Suponemos que incluirán los de coles y guarderías, que no son de acceso libre. No obstante, damos fe de que hay multitud y es algo que llama la atención de los amigos que nos visitan. Muchas de estas áreas de juegos forman parte, además, de zonas verdes o están muy próximas a ellas. A nosotros nos encanta ir a jugar a sitios diferentes y, en ocasiones, aprovechamos las actividades que organizan los centros socioculturales para conocer nuevos parques. Así, cuando tenemos que quedarnos el finde en Santiago, vamos también de excursión aunque sin salir de casa y, de forma habitual, utilizamos las áreas de juego como guinda de un paseo. Hoy os contamos cuáles son algunos de nuestros parques infantiles preferidos en varios barrios de Santiago. Los hemos escogido porque son grandecitos, porque cuentan con juegos diversos y es fácil aparcar gratis en las inmediaciones, cuando no justo al lado.

1. Parque infantil de Vista Alegre.

El mayor parte infantil del barrio ha ganado con la reciente remodelación, que ha suprimido las vallas que lo rodeaban. De arena, tiene juegos para pequeños y mayores con columpios y tirolina. Está pegado a una zona de descanso con bancos y tiene al lado pistas polideportivas y otra pequeña área de recreo. Lo encontraréis justo detrás del bloque de edificios amarillos que hay enfrente de la Facultade de Filoloxía. La Avenida de Castelao es una buena opción para aparcar, sobre todo debido a las interminables obras en la zona.

Parques infantiles en Santiago. Vista Alegre

2. Parque infantil de Salgueiriños.

Pegado a la escuela infantil municipal de Meinxofrío, es un parque de arena que cuenta también entre sus atractivos con tirolina (y con un banco a la sombra para los papás). Está integrado en una zona de descanso con circuito biosaludable, fuente y mesas para merendar. Se puede aparcar justo al lado, en la rúa de Manuel María. En paralelo a esta vía, podemos dar un paseo siguiendo el exiguo cauce del río Corgo hasta el edificio de Hacienda o la explanada que acoge el mercadillo semanal que se celebra los jueves por la mañana.

Parques infantiles en Santiago. Parque de Salgueiriños

3. Parque infantil de Fontiñas.

Uno de los parques infantiles en Santiago con mayor concurrencia y el más grande el barrio de Fontiñas está ubicado a la derecha de la fachada principal del centro comercial Área Central, en los jardines que lo rodean. Con suelo de goma, tiene dos áreas claramente diferenciadas por edades y muchos tipos de juegos como columpios, carrusel, rueda y la estructura de redes más alta todos los parques infantiles de Santiago para hacer las delicias de los trepadores. A escasos metros, podemos disfrutar del parque Carlomagno y sus miradores.

Parques infantiles en Santiago. Parque de Fontiñas

4. Parque infantil de Xoán XXIII.

Es sin duda uno de los parques infantiles en Santiago que más nos gustan y nos parece ideal para celebrar un cumpleaños al aire libre. Lástima que se cerrasen y nunca se hubieran vuelto a abrir los aseos situados junto al sombreado merendero que tiene justo encima y que aprovechan los excursionistas que llegan a la dársena de autobuses. De suelo de caucho, se encuentra al lado de varias pistas deportivas, una zona de descanso con bancos y en el meollo de una extensa zona verde en la que se suceden los parques de la Avenida Burgo das Nacións, Xixón, José Zeca Afonso o el de Música en Compostela. Suele encontrarse aparcamiento al lado, en la calle Lino Villafínez.

Parques infantiles en Santiago. Parque de Xoán XXIII

5. Parque infantil Eugenio Granell.

Extenso parque de arena con columpios. Lo mejor es sin duda que se encuentra integrado en una de las mayores zonas verdes de la ciudad con senderos, paseo fluvial a orillas del Sar, circuito biosaludable o kiosco. A escasos metros encontramos también una pista de skate. Queda a la altura del pabellón del Restollal y, aunque se puede estacionar en la calle Isidro Parga Podal, justo al final encontramos una área de aparcamiento propia.

Parques infantiles en Santiago. Parque Eugenio Granell

6. Parque infantil Luis Pasín en Conxo.

Ubicado en el parque Luis Pasín, es uno de los parques infantiles en Santiago más desconocidos debido a que para llegar a él hay que efectuar una pequeña subida desde la rúa de José Ángel Valente, un desvío de la Avenida de Ferrol. Presenta dos zonas para distintas edades perfectamente delimitadas y está rodeado de senderos y bancos (y una mesa para comer). Para aparcar, recomendamos hacerlo hacia Santa Marta y advertimos que no es de fácil acccesibilidad: para subir con carritos o sillas lo mejor es entrar por la rúa Doctor Maceira, detrás del instituto de FP. Pasaremos por la pista deportiva que tiene justo al lado. Las demás entradas presentan varios tramos de escaleras.

Parques infantiles en Santiago. Parque Luis Pasín en Conxo

7. Parque infantil de la Colexiata de Sar.

Es otro de nuestros grandes preferidos entre los parques infantiles en Santiago debido a su ubicación al lado del espectacular templo románico y sus pilares inclinados. Se accede por una puerta incrustada en el muro por lo que la seguridad es máxima. De arena, cuenta con una tranquila zona de descanso, cruceiro y hórreo, sobre los que se adivinan las formas de la Cidade da Cultura. Recomendamos aparcar en Pontepedriña y aprovechar para disfrutar del paseo fluvial de las Brañas de Sar. Otra opción es utilizar el parking del Multiusos.

Parques infantiles en Santiago. Parque de la Colexiata de Sar

 

¿Qué os parece nuestra selección? ¿Nos contáis cuál es el parque infantil que más os gusta de Santiago? Nosotros estamos deseando ver el nuevo de Galeras y seguimos esperando a saber cuáles y cuántas zonas de juegos se cubrirán finalmente, tal y como decidieron las votaciones de los Orzamentos Participativos. ¡Nos vemos en los parques!

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El Gaiás, gran área de ocio para familias en Compostela

Desde que en mayo se inauguraron el Bosque de Galicia en el monte Gaiás y el Jardín Literario en la Cidade da Cultura hemos ido ya unas cuantas veces, las primeras semanas con mucha asiduidad debido al furor que provocó en los comandantes antonautas el Parque da Balea. Tras un breve descanso, hemos vuelto en estos días para conocer el Parque do Lago.

Con tiempo, nos gusta dejar el coche en el aparcamiento anexo al Multiusos y entrar al Bosque de Galicia por la primera de las dos entradas que tiene en la Avenida de Diego Bernal, que, por cierto, ya cuenta con paso de cebra.

entradagaiasLa ladera del monte Gaiás la recorren varios senderos de tierra compacta, cemento y grava, y se ha reforestado con especies autóctonas, aunque hay que decir que los jóvenes árboles pasan actualmente bastante desapercibidos entre matorrales y hierbas y, por supuesto, todavía no dan sombra. La tentación de los comandantes son los focos bajos que nos acompañan en el recorrido  y tanto sirven como atalayas para mejorar las vistas como para descansar en la subida, si bien hay bancos de piedra diseminados en el trayecto. De frente, destacan el Seminario Menor de Belvís con las torres de la Catedral detrás.

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Yendo hacia la derecha, nos encontraremos al final con una valla que delimita la zona de paseo de una segunda fase del Bosque y que está en obras. Volvemos, pues, hacia atrás para llegar a una pequeña zona arbolada con un banco estratégico y vistas hacia el Multiusos, Fontiñas y As Cancelas, que constituye la guarida o el escondite perfectos.

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Junto a un panel solar próximo se ve ya la estructura de la Balea pero, ahora que se puede porque está la tierra seca, bordeamos el edificio del Museo por detrás y accedemos de forma no muy ortodoxa al recinto de la Cidade da Cultura para recalar en el Jardín Literario.

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Entre plantas, flores y árboles se suceden bancos y senderos, uno de los cuales lleva al lago que ahora ocupa la hondonada que se había abierto para asentar los cimientos del Centro de Arte Internacional, uno de los dos edificios del proyecto inicial de la Cidade da Cultura que no llegaron a construirse y que se convirtieron en bolsas de agua.

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También encontramos en esta área placas que, haciendo un círculo, recuerdan a trece escritores gallegos y alguna de sus obras, desde el trobador medieval Airas Nunes hasta el último homenajeado el Día das Letras Galegas, Manuel María, pasando por Rosalía, Curros, Pondal…

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Llegamos a continuación a una plaza o pequeño auditorio más recogido y, bordeando las torres Hedjuk, alcanzamos el primer parque infantil del recorrido con un pequeño rocódromo, balancines y una silla giratoria. En la gran plaza que se abre delante se suceden bancos blancos flanqueando un estanque con fondo de piedras.parquerocodromoEstamos justo detrás de los edificios del Archivo y la Biblioteca. Tenemos, cómo no, que acercarnos a ver una vez más la gigantesca bola de libros que da la bienvenida si se accede a la Cidade da Cultura desde el parquin superior y que a nuestros comandantes les encanta.

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Volviendo sobre nuestros pasos, ahora sí por fin nos vamos al Parque da Balea, que, de un alegre color naranja, esconde en sus fauces y una cola altísima juegos para trepar y dos toboganes de tubo. También cuenta el parque con varios balancines y, unos metros más allá, con una hamaca circular, además de con una fuente y enormes tiestos de tierra en los que se han plantado árboles. El espacio homenajea al pintor coruñés Urbano Lugrís, inspirándose en su obra.

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Cansados pero siempre con protestas, iniciamos el descenso por la ladera pegada a la carretera que sube a la Cidade da Cultura. Es un tramo agradecido por la presencia de árboles y sombras y porque podemos entretenemos buscando los pequeños nidos que penden de las ramas y que, de acuerdo con los dibujos representados, acogen pájaros y también murciélagos. Vemos por este lado la AP-9 y las casas de Viso, Fontiñas y el parque Carlomagno o As Cancelas.

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Una bifurcación a escasos metros nos permite elegir entre volver al Multiusos por los senderos que hemos recorrido al principio o encaminarnos al parquin de la CdC. Nos decantaremos hoy por esta última opción para, siguiendo las escaleras, situarnos frente al paso de peatones que nos lleva al nuevo Parque do Lago.

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Aquí encontramos en primer lugar una amplia zona de merendero con suelo de cemento, dotada con numerosos bancos y mesas de madera y, a la derecha, una pequeña área con aparatos para hacer ejercicio y una zona de arboleda.

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Un camino a la izquierda conduce a la segunda entrada al parque y a la zona del lago, un estanque artificial también generado a raíz de los trabajos llevados a cabo para construir la Cidade da Cultura, que está lleno de nenúfares y ranas. Una plataforma de madera acoge bancos que permiten sentarse tranquilamente a oír el croar de las ranas o el trino de los pájaros (y los gritos de satisfacción de los niños que no son capaces de resistirse a la caza de renacuajos).

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El sendero continúa, flanqueado ahora a la derecha por una carballeira (robleda), al tercer acceso al parque y nosotros bajamos la carretera para volver al punto de partida.

En una sola tarde hemos paseado al aire libre, hemos visto panorámicas de Santiago, hemos jugado en dos parques, hemos disfrutado de dos lagos… Si pensamos que, además, a la Cidade da Cultura venimos con cierta frecuencia para participar en talleres, ver exposiciones o asistir a espectáculos o a actividades como las Visitas Astronómicas o la Cidade Imaxinaria, podemos decir que se ha convertido en la gran área de ocio para familias en Compostela… con permiso de las ventoleras, eso sí y, hasta que no crezcan los árboles, también del sol. Nosotros, además, hubiéramos colocado el merendero en las proximidades del Parque da Balea pensando, por ejemplo, en una celebración de cumpleaños. Pero no nos han consultado 🙂

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Tenéis algún rincón preferido?

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Nos vamos a la playa con Chafarís

Como cantaban hace años los Ketama, nosotros «no estamos locos, que sabemos lo que queremos». Y lo que queremos es que luzca el sol, jugar en la piscina, en el monte, en el parque y, por supuesto, en la playa. Queremos que no nos agobien ya con la vuelta al cole, que aún queda mucho verano, y, además, los antonautas todavía no nos hemos ido de vacaciones y somos muy pero que muy fans del agua y la arena. Y más desde que hemos descubierto el cubo redondo, que impide que vuelque el agua, y la pala (también para la nieve) de la marca belga Quut, premiada por el diseño, la originalidad y la calidad de sus productos.

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O nos hemos enterado de que existen construcciones y escenarios para montar y divertirse en el agua.escenarios.png

Los hemos encontrado en Chafarís, la juguetería que abrió a finales de mayo en el número 16 de la Algalia de Arriba y que centra su oferta en juguetes educativos, que fomenten la creatividad  y aporten valor al tiempo de ocio de los peques. Ni uno solo de los que tienen funciona con pilas. Nosotros, además de a los juguetes de playa, ya le hemos echado el ojo a unos cuantos puzzles y a varios juegos de lógica, que están entre nuestros preferidos para ir de viaje.

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De Chafarís, además, nos gusta que hayan incorporado a su oferta juguetes artesanales de madera con la factura compostelana de Robin Wood y que permitan probar algunos de los productos que ofrecen, bien en su rincón de juego o bien en las jornadas de puertas abiertas y los talleres que organizan.

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Las jornadas de puertas abiertas volverán en septiembre, junto con otras sorpresas, pero de momento, y para que sigamos disfrutando del verano, nos ceden este lote de juguetes de playa para sortear entre nuestros seguidores. Está formado por una cometa con una alegre forma de mariquita, un cubo de Quut y también un cuppi de la misma marca.

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El cuppi, que no teníamos ni idea de lo que era, nos ha encantado: es súper versátil y ocupa poco espacio, dos elementos que hay que tener muy en cuenta cuando salimos con niños. Al igual que el cubo, es ideal no sólo para llevar a la playa sino también para jugar en la bañera de casa o en el arenero del parque y, a mayores, cabe en cualquier mochila o bolso.

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¿Qué me decís? ¿A qué mola? Pues venga, apuraos a participar. Para ello tenéis que ser seguidores de las páginas en Facebook de Chafarís y de Antonautas na Iagosfera y compartir este post en modo público. Esas condiciones son obligatorias pero, si además, nos dejáis un comentario para decir a qué playa sóleis ir y qué es lo que más les gusta hacer en ella a los peques, os estaremos enormemente agradecidos. El sorteo se cerrará el 12 de agosto a las doce de la noche y el envío del lote queda limitado a la España peninsular. El día 13 daremos a conocer el nombre del ganador. 🙂

 

 

 

A Toxa con niños: buscando grobits, burros fariñeiros y cangrejos de playa

Los antonautas acabamos de descubrir la isla de A Toxa. Cómo es eso posible, os preguntaréis, con la fama que tiene y estando a una hora de Santiago. Pues os lo diremos: lo cierto es que hemos ido unas cuantas veces y hasta nos hemos quedado hospedados de balneario pero no habíamos ido todavía a A Toxa con niños y, por eso, no teníamos ni idea, por ejemplo, de la existencia de su parque forestal. Este ocupa el centro de la isla, cuenta con varios senderos habilitados para hacer rutas y tiene cuatro entradas, una de ellas nada más cruzar el puente a la izquierda.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Si tomamos como referencia esta entrada, la de Con do Vecho, justo al comienzo nos encontraremos con el recinto reservado a los burros fariñeiros. Su presencia tiene como objetivo preservar la especie pero también recordar una leyenda que, con distintas variantes, apunta a que fue un equino enfermo quien provocó que fuera descubierto el poder curativo de las aguas termales de la isla, a la postre la fuente de su riqueza y auge turístico. Grabada sobre el respaldo de un banco, una leyenda nos indica que popularizó la leyenda Emilia Pardo Bazán. Por eso, en honor a la escritora, Emilia y Pardo fueron los primeros burros aquí alojados.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Justo al lado de ese banco del que hablábamos, encontramos una valla que nos llevó a un parque lleno de elementos de madera (hechos por una carpintería de O Grove, gran detalle). A él se lanzaron los comandantes antonautas y hubo de pasar aún un rato antes de que nos diésemos cuenta de que se trataba de un circuito canino (ejem, ejem). No obstante, la revelación fue muy celebrada. ¿En quienes se convirtieron los comandantes antonautas en menos de lo que canta un gallo? Efectivamente, en la Patrulla Canina, con Ryder dando las oportunas indicaciones de adiestramiento.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Difícil fue continuar pero al final lo conseguimos apelando a nuestro próximo objetivo: la búsqueda de los hobbits. Que en realidad son unos parientes llamados grobits (son de O Grove y no de La Comarca) que moran en las profundidades de las aguas termales de la isla y salen a la superficie a través del pozo que hay en la aldea para jugar en el bosque y descansar en sus pequeñas casitas.

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No se sabe cuándo van a salir, nunca abren la puerta y es díficil verlos. Quizás por eso, para sobrellevar la espera, han dejado unos cuantos juegos para los niños como un balancín, una hamaca… No nos negaréis que es distinto ver A Toxa con niños que sin ellos 🙂

El paseo continúa entre pinos centenarios, más bancos con leyendas y paneles informativos que nos acercan a personajes relacionados con A Toxa (como O Cego de Padendre, acordeonista, o el periodista Jaime Solá), a las costumbres vecinales o a su hábitat natural, contándonos, por ejemplo, que este monte era utilizado por los grovenses para traer el ganado o proveerse de leña pero que, una vez abandonado, fue tomado por una especie invasora, la acacia negra, y que ahora tratan de erradicarla. A la altura del Gran Hotel localizamos otra entrada, la de Vázquez Gulías, y unas vistas fantásticas.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Nosotros decidimos volver sobre nuestros pasos y salir por el acceso de Costa do Hospitalillo a la vía que sigue de frente al entrar en la isla y que conduce a las antiguas fábricas de jabones La Toja y la famosa capilla de conchas de vieira dedicada a san Caralampio y a la Virgen del Carmen que data del siglo XII.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Nuestra intención era alcanzar algún quiosco para comprar un helado y comerlo tranquilamente en la plaza central. La búsqueda de pavos reales, que constituía el entretenimiento de la mamá antonauta cuando era pequeña, ha sido sustituida hoy en día por una hormiga y un saltamontes… toboganes, elementos que dotan de originalidad otro parque infantil.

Para acabar el redescubrimiento de A Toxa con niños nos quedamos por primera vez en una de sus playas, la de la entrada a la izquierda, justo enfrente de donde comenzamos el paseo.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Y si no idílica, sí es cómoda y muy recomendable para los peques: aparcamiento a la sombra en un pinar (nosotros pecamos de pardillos haciendo caso al llegar del cartel que indica que el paso está prohibido excepto para el plan marisquero y vigilancia), sin calado, con peces, cangrejos, ‘caramuxos’… y la posibilidad de vivir una gran aventura cruzando un puente por debajo (el agua, ni a la altura de la cintura, aunque la marea, subiendo, aún no estaba alta).

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

Por si, además de cuatro parques (el forestal, el canino, el de los grobits y el de los insectos) necesitáis más alicientes para visitar A Toxa en familia, podéis proponeros la misión de responder a los interrogantes que se plantean en las entradas del parque forestal (¿qué estuvo oculto alrededor de noventa años bajo la vegetación?, ¿qué relevancia tuvo el parque en la construcción del puente de entrada a la isla?…). Nosotros no perdonaremos un paseo en un ciclo familiar (esos tuc tuc tan típicos) o en el tren turístico.

A Toxa con niños. Antonautas na Iagosfera

¿Os ha resultado, como a nosotros, diferente esta isla de A Toxa con niños?

 

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Luces y sombras de la Lagoa de Castiñeiras y el Parque Natural de Cotorredondo

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La Lagoa de Castiñeiras es un estanque artificial creado en los años 50 que se convirtió en importante refugio de flora y fauna. A su alrededor se ubica el extenso Parque Natural de Cotorredondo, que comprende parroquias de los Concellos de Marín y Vilaboa.

Ya que estábamos en Marín, los antonautas aprovechamos la tarde del sábado para sacarnos otra espinita, que era la de no conocer aún el Parque Natural de Cotorredondo, donde se encuentra la famosa Lagoa de Castiñeiras, y he de confesar que nos dejó un sabor agridulce pues el lugar es bonito pero nos pareció que se encontraba algo, o bastante, abandonado.

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De lo anunciado en los indicadores,  no existe ni rastro del Observatorio de Fauna o el cercado que acogía ciervos, gamos y corzos (con la consiguiente desilusión de los comandantes antonautas por no poder ver a Bambi) pero es que, además, después leímos que había sido sustituido en 2010 por el denominado Parque Biolóxico de Cotorredondo, cuyo fin era dar a conocer diferentes ecosistemas de las fragas gallegas,  y nos encontramos con una zona vallada por alambre que está enteramente tomada por la maleza. Además la caseta de información y los aseos estaban cerrados, el Aula de Interpretación es una pequeña edificación limitada a ofrecer algunas leyendas explicativas y folletos totalmente obsoletos, y no nos quedó nada claro que el Centro de Recuperación de Fauna se encuentre en activo.

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Mapa del Parque Biolóxico, que está tomado por la maleza. Uno de los indicadores obsoletos

Ahora vamos con la parte agradable, que es la del lago en sí, el ver cómo nadan sus carpas, el paseo por los senderos que lo bordean (salvo en el lado que da a la carretera), la isla que tiene en un extremo y en la que anidan patos o la colindante área de riachuelos atravesados por pequeños pasos de madera y que presenta, casi pegada ya a la laguna, una especie de canalizaciones de piedra que provocan pequeños saltos de agua.

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Encontramos también un montón de especies arbóreas como pino, eucalipto, laurel, abedul, roble… acompañados algunos ejemplares de paneles identificativos (muchos de ellos ilegibles por el deterioro) y vimos dos parques infantiles o, siendo realistas, uno que pueda calificarse como tal  y que en honor de la verdad a los comandantes antonautas les gustó con sus juegos de madera y los columpios (uno de ellos roto).

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Este parque infantil se encuentra detrás del Centro  de Recuperación en un pinar con merendero.  Y esto sí que hay que reconocerlo: nunca habíamos visto tantas  y tantas mesas, bancos, parrillas y fuentes por aquí y por allá. Como base para comidas campestres, lo cierto es que este Parque Natural de Cotorredondo es imposible que tenga rival. No nos extraña que se hayan asociado incondicionales para exigirle a la Xunta que les permita hacer fuego para barbacoas. Vimos muchas familias y grupos de amigos, también celebraciones de cumpleaños y partidas de cartas. Ayudaba sin duda a la animada concurrencia la existencia de un bar y de un quiosco.

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A pesar de la concurrencia, es imposible que se llenen tantas mesas y bancos. Fuentes y parrilllas convierten el parque en el rey de las comidas en contacto con la naturaleza

Entre lo bueno del parque, no podemos dejar de destacar también la subida al mirador de Cororredondo, a dos kilómetros de la laguna y a 550 metros sobre el nivel del mar. Aunque en el Aula da Natureza nos dijeron que la torre de vigilancia estaría cerrada, hicimos bien en subir encomendándonos al «ya que estamos aquí» pues tuvimos la suerte de encontrarla abierta (sí, al parecer esto es una lotería).

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Desde arriba, las vistas sobre las rías de Vigo, con la ensenada de San Simón, y de Pontevedra, con las islas de Ons y Sálvora, merecen la pena. Lo de que se ve la de Arousa en días claros supongo que será para ojos avezados, pero lo cierto es que el mirador se conoce también como el de las Tres Rías. Por si os lo encontrarais cerrado, os diremos que varios recodos en la carretera de subida ofrecen también buenas vistas.

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Ría de Pontevedra, con la ensenada de San Simón

Desde la laguna, la subida al mirador se hace siguiendo el primer desvío a la derecha en dirección a Figueirido. En el cruce es donde se halla el bar y en los márgenes de esta carretera en pendiente nos encontraremos con el quiosco, unos aseos que sí estaban abiertos y otras zonas de aparcamiento, además de por supuesto más y más mesas y bancos. También es por donde se va, torciendo después a la izquierda, al otro parque infantil (apenas un tobogán y un columpio) y a la Mámoa do Rei. Por estar restaurada, constituye el elemento más interesante de los yacimientos arqueológicos del megalítico y la Edad de Bronce diseminados por el parque natural.

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Mámoa do Rei

Igual el post parece algo negativo pero lo cierto es que el lugar nos gustó, es perfecto para pasear y pasar un agradable día de campo y comida al aire libre. Los niños tienen sitio de sobra para correr y jugar, se entretendrán viendo a los patos, las carpas, los ‘muxos’, las mariposas… Se puede hacer senderismo y vimos a un montón de ciclistas. El mirador y la mámoa también merecen la pena. Lo único que hay que saber es que como cacareada área de educación ambiental hoy en día deja que desear. Y también, por supuesto, que no está permitido el baño. ¿Cuál es vuestra impresión?

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De paseo por Sar: la Colexiata, un curioso lavadero y dos parques

De paseo por Sar nos encontraremos con el puente románico

Para iniciar este paseo por Sar, recomendamos llegar al barrio desde Pontepedriña disfrutando de la ruta fluvial acondicionadas en las Brañas de Sar y alcanzar el puente románico sobre el que salvan el río los vehículos y bajo el cual nos encontramos con un niño navegando su barco de plástico. Nos parece una fantástica idea, que queda anotada para la próxima ocasión, y nosotros continuamos camino bordeando los muros del recinto de la Colexiata de Santa María a Real de Sar para alcanzar la amplia explanada empedrada y la peculiar estampa que ofrece la edificación.

Se trata de un templo románico, que llama la atención ya a primera vista debido a unos poderosos arbotantes barrocos que sirven para sustentar sus inclinadas paredes. Porque sí, se inclinan como la torre de Pisa, no se sabe si por defecto de construcción o por lo inestable del terreno sobre el que se levantan. O por ambas cosas. Pero sea como sea, convierten la iglesia, en cuyos pilares se aprecia mejor esta inclinación, en una visita obligada. Por una entrada de 2 euros, puede visitarse además un pequeño museo de arte sacro y el único claustro que conserva en Santiago algunas arcadas del románico. La visita puede hacerse por la mañana de once a dos o por la tarde entre las 16:30 y las 19:30 horas.

De paseo por Sar. Los arbotantes inclinados de la Colexiata de Santa María A Real de Sar

Aunque hemos de reconocer que no son estos detalles los que llaman la atención de los pequeños antonautas en este paseo por Sar. Ellos optan por correr a la pequeña puerta metálica que da paso al parque infantil. De arena, con tres toboganes, redes para trepar, columpios, balancín, juegos de muelles, campo de fútbol de tierra y… bancos de madera, mesas de piedra y hasta hórreo y cruceiro. Sin posibilidad de escapatoria a no ser por la mencionada puerta. Ideal para jugar, para merendar, para descansar… Sencillamente, espectacular.

Paseo por Sar. El parque infantil de la Colexiata es espectacular

De paseo por Sar. El parque de la Colexiata cuenta con área de descanso, cruceiro y hórreo

Recomendamos, no obstante, no acabar aquí el paseo por Sar y, volviendo al puente (los peatones cruzan por un paso paralelo), tomar en dirección contraria para meterse por la Corredoira de Picaños y, ascendiendo entre casas con tierras de labradío (sobrevive el rural), llegar al lavadero de Picaños, pues se trata de una peculiar construcción con planta octogonal y ocho zonas independientes de lavado.

De paseo por Sar veremos este curioso lavadero heptagonal

Por último, volviendo sobre nuestros pasos de nuevo hacia la rúa de Sar, veremos enfrente del inicio de la Corredoira unas escaleras que nos transportan de nuevo a otro paisaje distinto  y que a los peques les va a encantar. Hablo de la blanca y recogida plaza de Pepe Noya, un remanso de pan con césped y parque infantil, este con suelo de caucho.

De paseo por Sar. La tranquila plaza de Pepe Noya con su parque infantil

Desde aquí ya se accede al camino que lleva al Multiusos, donde encontraremos un área de aparcamiento, y tenemos también la opción de continuar el paseo adentrándonos en el Bosque de Galicia, una de las áreas de esparcimiento que ofrecen el monte Gaiás y la Cidade da Cultura. ¿Os ha gustado este paseo por Sar?

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